Ante la escasez, venezolanos con VIH buscan antirretrovirales en París

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Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, casi 70.000 de los 79.467 pacientes con VIH registrados en Venezuela, no reciben tratamiento antirretroviral debido a la crisis en el país. La mayoría emigra, muchos a París.

 

El pasado 3 de julio, fiesta del orgullo gay, varias organizaciones LGBTI venezolanas así como un grupo de médicos denunciaron la escasez de medicamentos para el tratamiento del VIH en ese país sudamericano.

Según Alberto Nieves, director de Acción Ciudadana contra el Sida, “la gran mayoría de las personas trans y los hombres gais que tienen el virus están muriendo por falta de medicación”. Nieves cuestionó que el Estado no indique el número de personas afectadas con el virus y las que han muerto este año a raíz de la escasez de medicamentos: “es todo populismo, quieren jugar con la vida de la comunidad LGBTQI”, insistió el dirigente.

La muerte, justamente, la ha visto de cerca Javier Castillo, portador desde hace 5 años del VIH. Lo explica en los salones de la ONG Acceptess-T, en la zona norte de París. Allí llegó hace tres meses, cuando decidió emigrar de Venezuela ante la falta de tratamiento: “en el año 2016 comenzaron a haber fallas puntuales de medicamentos pero en el 2017 el sistema colapsó completamente. Las autoridades mantienen un silencio absoluto, y eso para mí es una forma de violencia”.

El joven agregó que tuvo “que acceder al mercado negro para comprar medicamentos carísimos y sin garantía quedando en una situación muy vulnerable. En un momento no pude seguir comprando medicamentos y eso produjo un descenso importante en mis células CD4 que son las que se encargan de mantener las enfermedades oportunistas a raya. Acá en Francia controlé esa situación con un equipo de especialistas que está siguiendo los efectos de la terapia en mi cuerpo”.

Castillo lamenta que en Venezuela tuvo que “dejar mis afectos, mi familia, mi universidad, para poner en resguardo mi vida. Vivir en Venezuela siendo seropositivo es equivalente a esperar una sentencia de ejecución en el corredor de la muerte”. Javier tuvo suerte pero asegura que “varios amigos fallecieron por la falta de tratamientos y otros han tenido que emigrar a países vecinos como Colombia, Ecuador, Argentina, y Perú”.

Lo que más le pesa es que su “familia no tiene idea de qué estoy haciendo acá. Porque en Venezuela yo vivía tratando de esconder una doble condición el ‘ser marica y la condición de ser sero-postivo’. Pero en líneas generales estoy aquí trabajando para poner en resguardo mi vida”. Y agrega que “como estoy pidiendo asilo, no puedo trabajar, así que espero la asistencia del gobierno francés y recibo la de Acceptess-t que nos da una pequeña ayuda para costear la vida en París que es muy cara”.

Acceptess-T era la organización más cercana a su casa que encontró Javier en internet. Tuvo la suerte de que su directora, Giovanna Rincón es colombiana. Fue ella quien alertó a France 24 del aumento constante de venezolanos con VIH en París: “tenemos un plan de acción que nos permite reducir los tiempos de acceso al sistema de salud. Trabajamos con la coordinación regional de lucha contra el VIH en París y esta estrategia permite que las personas, incluso sin seguridad social reciban el tratamiento sin que les pongan preguntas sobre su estado legal”.

Rincón explica que además tienen”un dispositivo de acompañamiento social para que las personas desde su inicio puedan obtener la seguridad social y una visa y crearse un proyecto de vida en París: “tenemos además un fondo que nos permite ayudar a los más desfavorecidos, por un máximo de dos meses, para pagarles el transporte, darles tickets alimentarios o para comprar otros medicamentos apenas llegan a Francia cuando aún no tienen derecho a ayudas sociales”.

Rincón quiere alertar de que la situación de los extranjeros seropositivos en Francia “está muy complicada”. Desde hace cuatro años ha habido una serie de reformas a la ley de inmigración que “están dificultando la renovación de la residencia a los enfermos de VIH. Las personas que recibían su tarjeta de residencia por VIH habían mejorado su calidad de vida y abandonado el trabajo del sexo, pero al perder su visa, pierden su capacidad de inserción social y están volviendo al sexo”.

Otra ley, la de penalización de los clientes de las trabajadoras del sexo “está generando además un problema económico en las mujeres transexuales y migrantes que también influye en la prevalencia de la enfermedad”, concluye Rincón.

Fuente: France 24

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